Isfahán, 05 de abril de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el rescate del segundo piloto del caza F-15 derribado por Irán el viernes 3 de abril, aunque Teherán desmintió categóricamente el hecho y reportó la destrucción de aeronaves invasoras durante un fallido intento de recuperación.
Según fuentes estadounidenses, el piloto rescatado es un coronel que se encontraba gravemente herido pero con vida tras haberse escondido en la grieta de una montaña. Trump declaró que “las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos han llevado a cabo una de las operaciones de búsqueda y rescate más audaces de la historia del país”, añadiendo que “este tipo de rescates apenas se intenta debido al peligro para los participantes y su equipo. ¡Simplemente, no ocurre!”.
En contraste, el portavoz del Cuartel General Central Jatam al-Anbiya, coronel Ebrahim Zolfagari, aseguró que “las aeronaves invasoras del enemigo en el sur de Isfahán, incluidos dos helicópteros Black Hawk y un avión de transporte militar C-130, fueron alcanzadas (…) y el intento de rescatar al piloto fracasó”. La Guardia Revolucionaria de Irán calificó el episodio como una nueva derrota humillante para Estados Unidos y difundió imágenes de aeronaves calcinadas.
Detalles de la operación revelan que la misión se extendió durante horas con la participación de cientos de efectivos. La CIA habría iniciado una campaña de engaño para hacer creer a Teherán que el piloto había sido sacado en un convoy terrestre. Además, se reportó que las propias fuerzas estadounidenses dispararon contra sus aviones de transporte C-130 al quedar atascados en el barro para evitar que cayeran en manos iraníes.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, comentó sobre la destrucción de las aeronaves: “Si Estados Unidos consigue tres victorias más como ésta, quedará completamente arruinado”. Mientras tanto, Trump tiene programada una rueda de prensa junto a mandos militares en el Despacho Oval para el lunes 6 de abril.
Paralelamente, Irán lanzó una nueva ola de ataques contra infraestructura energética en Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait, provocando incendios en plantas petroquímicas. A pesar del conflicto, el Gobierno iraní confirmó la implementación de protocolos para permitir el tránsito de embarcaciones con ayuda humanitaria a través del Estrecho de Ormuz, mientras representantes de Irán y Omán iniciaron conversaciones preliminares sobre la regulación de la navegación en la zona.
