Por Redacción

Ciudad de Mexico, 15 de marzo de 2026.- La crisis en Medio Oriente se agravó con amenazas de asesinato contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por parte de la Guardia Revolucionaria Iraní, mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz, vital para el transporte del 20% del petróleo mundial, continúa afectando los mercados globales. El conflicto, que inició el 28 de febrero, se ha extendido a Líbano, donde la Organización Mundial de la Salud reportó la muerte de 14 trabajadores sanitarios en 24 horas y 27 ataques verificados contra infraestructura médica.

Las declaraciones de los involucrados reflejan posturas diametralmente opuestas. Donald Trump, desde Estados Unidos, afirmó que su país ha destruido “el 100% de la capacidad militar de Irán” y señaló que la nación persa “quiere llegar a un acuerdo pero las condiciones no son suficientemente buenas”. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, exigió como condición para el cese al fuego “certeza de que no se repetirá y se paguen reparaciones”.

La Guardia Revolucionaria Iraní emitió un comunicado sin precedentes en el que prometió “perseguir sin descanso y matar a Benjamin Netanyahu”, utilizando por primera vez el misil balístico ‘Sejil’ en sus operaciones. Esta amenaza directa marca una peligrosa escalada retórica en un conflicto que ya tiene dimensiones regionales críticas.

Mientras tanto, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, intentó calmar los mercados al calificar el bloqueo del estrecho de Ormuz como un “malestar pasajero” y sugirió que la guerra “podría terminar en semanas”. Esta postura contrasta con la solicitud de ayuda internacional urgente que Trump ha hecho para desbloquear esta vía marítima estratégica.

El Pentágono reportó que aproximadamente 15,000 objetivos han sido alcanzados en territorio iraní, aunque las afirmaciones de Trump sobre la destrucción total de la capacidad militar iraní son contradichas por los continuos ataques con misiles avanzados que Teherán sigue lanzando. Ambas partes se acusan mutuamente de realizar operaciones bajo falsa bandera, aunque no se ha presentado evidencia concreta que sustente estas acusaciones.

La extensión del conflicto a Líbano preocupa a organismos internacionales, dado el impacto humanitario sobre la población civil y la infraestructura esencial. La OMS documentó múltiples ataques contra instalaciones sanitarias que comprometen la capacidad de respuesta médica en medio de la crisis.

La comunidad internacional observa con alarma el desarrollo de este conflicto, cuyo desenlace podría redefinir el balance de poder en Medio Oriente y tener repercusiones económicas globales significativas, particularmente en los precios y suministro de hidrocarburos. Las negociaciones diplomáticas continúan en medio de un ambiente de máxima tensión y declaraciones beligerantes por ambas partes.

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