Ciudad De México, 30 de junio de 2026.- La relación histórica entre el fútbol y la política vuelve a manifestarse en el Mundial 2026, donde México enfrentará a Ecuador en medio de una ruptura diplomática originada por el asalto a la embajada mexicana en Quito.
Este escenario no es aislado en la historia de los torneos. En 1938, Austria no fue al mundial porque Hitler se la había merendado con el Anschluss, a pesar de que había clasificado y sido una potencia futbolística en los años treinta. Entre el mundial de Italia en 1938 y el de Uruguay en 1950 hubo campos de concentración y exterminio, ciudades aplanadas por las bombas, fronteras redibujadas y millones de muertos.
Las tensiones geopolíticas continuaron marcando los partidos. En 1974, Alemania Federal se enfrentó a la Alemania Democrática; aunque la Alemania Democrática (comunista) ganó el partido, Alemania Federal (capitalista) ganó el mundial. Posteriormente, Argentina ganando a Inglaterra en 1986 pesa más por culpa de las Malvinas, e Irán eliminando a Estados Unidos en el torneo de 1998 llevaba una tensión más allá de los 90 minutos de juego.
En esta edición de 2026, los seleccionados de Irán sufrieron su participación con unos estadounidenses empeñados en dificultar su participación. Paralelamente, el conflicto diplomático entre México y Ecuador se relaciona con la captura de Jorge Glas, tras lo cual la policía ecuatoriana entró por la fuerza en la sede mexicana en Quito.
Sobre esta dinámica, Héctor Zagal señaló: “Lo he dicho antes, vale la pena recordarlo: cuando rueda la pelota el mundo no deja de girar ni la política se detiene”. Zagal indicó que “el punto es que hay partidos que son más que solo partidos” y afirmó que “ahora, en 2026, el balón vuelve a rodar en el tablero diplomático”.
Zagal mencionó que “la cancha sigue siendo una pequeña ONU con porterías”. Finalmente, expresó un deseo para el desarrollo de los encuentros: “Esperemos que en la cancha se juegue más limpio de lo que se hizo en lo político”.
